Destinos cruzados, Sueños compartidos.


     DESTINOS CRUZADOS,

      Franco Márquez   SUEÑOS     COMPARTIDOS.

      Miré mi reloj y revisé la hora, nueve menos diez, aún estaba a tiempo de llegar a la reunión de motoqueros que hay cada jueves por la noche. Me apresuré a buscar la moto en el pequeño callejón entre el hotel y una tienda de baratijas, tranquilamente encendí y arranqué el motor, me tomó un par de segundos para que el motor haga ese usual y molesto sonido me dió a entender que estaba listo para partir. Las calles eran tranquilas, la noche estrellada como no sucedía usualmente, estaban las veredas vacías sin un alma cruzando la calle y pude escuchar a lo lejos el cuchicheo de los borrachos que viven en el parque, sin embargo el ruidoso motor de la moto hacía cosquillas en mis orejas. Faltaban un par de metros para llegar a la reunión, miré  mi reloj, las nueve y quince, al levantar la mirada, una señora mayor vestida extravagantemente con aros de perlas exageradamente grandes y labios arrugados pintados de un rojo intenso comenzó a caminar por la calle, las luces aún eran verdes pero al parecer la señora no se había dado cuenta y solo pude doblar hacia la izquierda. Lo último que escuché fue el grito de la señora resonando en mis tímpanos y un fuerte golpe sacándome del plano.

Con el escudo de piedra logro esquivar la espada de mi oponente dando un salto hacia atrás y manteniendo el equilibrio apenas con los talones, tambaleándome y aún así me quedo en pie, solo bastó un pequeño empujón de uno de mis compañeros para volver a estabilizarme y dar un paso hacia adelante, con un movimiento brusco logro clavar mi espada de piedra en el pecho de mi oponente, retorciéndolo un par de veces, solo para verlo sufrir, supongo que me hizo sentir excitado escucharlo gemir por el escozor de la herida. de repente una punzada en el pecho me hace caer del dolor y mis compañeros se paran a mi alrededor formando un círculo, de alguna forma protegiéndome de los aztecas que trataban acabar con nosotros.


los gritos de la gente me hacen despertar, sentía mi cuerpo caliente y un dolor punzante en mi pecho molestando, en el suelo cubierto de sangre que, aparentemente no era la mía, me retorcí un poco y finalmente me levanté, apoyando mi espalda en un árbol cercano para no caer. miré mis manos, eran más pequeñas, morenas y gordas, mi cabello era muchísimo más largo y me sentía mucho más bajo de lo que realmente era. un hombre bajo y moreno, vistiendo un taparrabo y sosteniendo una espada me da un empujón diciendo algunas palabras que no logro entender, pero señaló que debía atacar a otro hombre, supongo que solo estaba soñando, así que solo asentí y lo seguí, tirando espadazos de aquí allá y recibiendo uno que otro golpe.


unas manos presionando mi pecho me devuelven a la realidad, la…¿la realidad? la realidad es que yo definitivamente no estaba en la guerra, me levanté del suelo y unas señoras vestidas como payasos me hicieron un par de preguntas que no entendí, al parecer íbamos en un tipo de carroza y tenía un par de agujas enterradas en mi brazo, ¿que estaba pasando? ¿Es un sueño? ¿Brujería? no lo sé, pero el sonido molesto y las luces rojas eran demasiado molestas y me dolían los oídos. cuando la carroza se detiene, un hombre vestido de blanco con un collar bastante extraño me saca en una cama rodante y me lleva dentro de un sitio grande y con luces muy fuertes, me cubrí los ojos tratando de protegerme de la luz. Me dejaron dentro de una habitación grande y unas agujas manteniendo unas bolsas con un líquido extraño unidas a mi brazo, mi cuerpo se sentía caliente y me dolía la cabeza, pero esto era definitivamente mejor que la guerra y si era un sueño, no quería despertar. la misma punzada dolorosa en el pecho me hizo dormir otra vez.


Abro los ojos lentamente, las luces volviendo mi mirada borrosa que logro acostumbrar luego de un par de segundos. un doctor barbudo y canoso me mira y pregunta algunas cosas que respondo amablemente, la verdad es que en mi sueño sobre guerras indígenas había sido algo excitante, menos el final, pues un grupo del equipo contrario logró agarrarme y me amarró de pies y manos en un tablón, entre tres de ellos llevándome dentro de un túnel bastante oscuro que cada vez era más asfixiante y gracias al olor repugnante de una mezcla de pescados podridos y orina desperté. el doctor me explicó la situación, la señora que iba cruzando la calle salió ilesa y yo estaba ahora en un hospital que no podía pagar.


Miré hacia ambos lados, traté de moverme pero estaba atado, el maldito sueño que disfruté tanto me había hecho perder la guerra, había decepcionado a mi familia, mi propia tribu, el mejor guerrillero había fallado por primera vez y todo por culpa de un doloroso escozor en el pecho. Sentí un calor creciente subiendo por mi pelvis hasta llegar a mis orejas, la cueva cada vez haciéndose más y más pequeña y mi frente era raspada por el techo, sintiendo un par de gotitas de sangre cayendo por mis mejillas incómodamente.

NO. No podía morir, no debía morir, no era mi momento, cerré los ojos. -duérmete, duerme de una vez….-, murmuraba casi sin aliento esperando despertar en ese sueño tan tranquilo donde solo debía sentarme, lucir enfermo y comer lo que me dieran.


Ese dolor en el pecho otra vez, ese maldito dolor como si estuviera siendo apuñalado, rápidamente presioné el botón para que una enfermera fuera a ayudarme y así fue, los doctores comenzaron a gritar por ayuda, el carro de electroshock, paro cardiaco, datos sensibles… ¿datos sensibles? ¿Qué eran los ‘datos sensibles’? “Dios, la cantidad de dinero que significaba esto…”, pensé para mis adentros y en un par de segundos, me volví a dormir.


Lo que no esperaba fué despertar en el mismo sueño, pero esta vez un poco más avanzado, estaba acostado en una tabla de piedra fría que me daba escalofríos en la espalda. un señor con una túnica oscura manchada de sangre seca que supongo, no era la suya propia, se acercó a mí y susurró un par de cosas que no entendí, levantó su mano y me enseñó un cuchillo sin filo, ¿iban a matarme? debía de ser el peor sueño que jamás haya tenido. 


Me dormí, me dormí y por fin había vuelto a tan tranquilo sueño, una bandeja con un plato de comidas raras y una mujer sentada en una silla al lado de mi cama durmiendo en paz, suspiré, no sentiría tan punzante dolor de aquella cuchilla sin filo y oxidada enterrarse en mi pecho, al menos moriría en paz.


El cuchillo oxidado entró a mi pecho con dificultad, haciéndome gritar del dolor y retorcerme, la gente que rodeaba la situación riendo al verme en tan dolorosa e intolerable, sentía el cuchillo moverse y rasgar mi piel creando un dolor insoportable que simplemente era demasiado para mi. traté de despertar, ahora hasta la más incómoda camilla de hospital me sonaba como la mismísima gloria, comencé a rezar en silencio, -gloria al padre, al hijo…- me detuve en seco, un gloria no era suficiente para Dios. -padre nuestro, que estás en el cielo…- y me detuve otra vez, demasiado largo, el dolor no me permitiría terminar la oración, finalmente me decidí por rezar el Ave María cuántas veces alcanzara a rezarla, pero no logré despertar, y durante un sueño, perdí la vida.


La mujer sentada a mi lado es bastante tierna y amorosa, me besa cada vez que algo me duele y está acostada a mi lado en la cama, abrazándome con delicadeza.

 Tal vez este sueño podría ser mi nueva vida, pero lo que sí sé es que no quiero despertar jamás.

 


Comentarios

  1. Aun que en general la reescritura está bastante buena y mantuviera la misma esencia del cuento original, yo cambiaría unas cosas. Principalmente me enfocaría en los cambios que hace el protagonista entre el "sueño" y la "realidad", jugando un poco más con ese tema y dejándolo en incógnita para dar a entender cuál era la realidad al final del cuento, como en la escritura de Julio Cortázar. Además, me preocuparía más por las emociones que transmite el protagonista, resaltándolas más y mostrando su confusión, miedo o desesperación por negarse a aceptar su destino.

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